Impacto del Sinhogarismo en la Calidad de Vida

El sinhogarismo es una realidad visible en las calles pero invisibilizada en las políticas estructurales. Se suele abordar como un problema social o de pobreza, cuando en realidad es una emergencia de salud pública que afecta profundamente a la calidad de vida de quienes lo padecen. No tener un hogar no solo implica carecer de un espacio físico; significa también estar expuesto a condiciones que atentan contra la salud física, mental y emocional, afectando de manera directa la esperanza de vida, la funcionalidad personal y las posibilidades de inclusión social.
En este artículo analizamos el sinhogarismo como un determinante social clave de la salud y exploramos cómo su impacto trasciende lo visible, configurando un escenario complejo en el que se entrecruzan la exclusión, la enfermedad y la marginalización. Comprender este fenómeno desde un enfoque integral es imprescindible para construir respuestas eficaces, humanas y sostenibles.
Sinhogarismo: determinante social de la salud
La Organización Mundial de la Salud reconoce que los determinantes sociales influyen más en el estado de salud de las personas que los propios factores genéticos o médicos. En este contexto, el sinhogarismo aparece como uno de los determinantes más devastadores. Veamos por qué:
1. Acceso limitado o inexistente a la atención sanitaria
El acceso a la salud se ve limitado por múltiples factores: la falta de documentación, desconocimiento del sistema, barreras burocráticas o el rechazo institucional. Muchas personas sin hogar no acuden a los centros de salud hasta que los síntomas son graves o irreversibles. Además, el estigma y el trato discriminatorio desincentivan la búsqueda de ayuda.
2. Condiciones de vida que enferman
Vivir en la calle expone al cuerpo a condiciones extremas: frío, lluvia, calor, contaminación, ruido, violencia física y sexual. Esto deteriora rápidamente la salud física, produce enfermedades infecciosas, agrava patologías crónicas y disminuye la resistencia del sistema inmunológico.
3. Alimentación deficiente y desnutrición
La carencia de una dieta equilibrada no solo implica hambre: es una puerta abierta a enfermedades gastrointestinales, problemas metabólicos, diabetes mal controlada, hipertensión y falta de energía vital para cualquier proyecto de recuperación.
4. Impacto psicológico severo
El sinhogarismo está íntimamente ligado a la salud mental. La incertidumbre constante, la pérdida de identidad, el aislamiento social y el trauma acumulado derivan en trastornos como ansiedad, depresión, adicciones, trastornos psicóticos o estrés postraumático. A su vez, estos problemas mentales dificultan aún más el acceso a los recursos.

Un ciclo de exclusión y deterioro
La relación entre sinhogarismo y salud no es lineal, sino circular. Muchas veces, las personas pierden su hogar a causa de una enfermedad, una discapacidad o un episodio de salud mental. Pero una vez en situación de calle, su estado de salud empeora por las condiciones extremas y la falta de atención. Así se refuerza un ciclo vicioso difícil de romper:
- Una persona enferma o en crisis pierde su trabajo.
- No puede pagar el alquiler y acaba en la calle.
- La vida en la calle deteriora aún más su salud física y mental.
- Sin dirección fija ni recursos, queda fuera del sistema de salud.
- Las oportunidades de reintegración desaparecen.
Este ciclo no solo afecta a la persona sin hogar, sino que tiene costes sociales y económicos elevados para los sistemas públicos: urgencias colapsadas, ingresos hospitalarios prolongados, uso ineficiente de recursos, y una factura emocional que arrastra a familias, profesionales y comunidades enteras.

Enfermedades más frecuentes entre personas sin hogar
Enfermedades físicas:
- Infecciones respiratorias, neumonías y tuberculosis.
- Lesiones crónicas por dormir en suelos duros y fríos.
- Enfermedades de la piel: sarna, hongos, úlceras.
- Trastornos gastrointestinales por mala alimentación.
- Problemas dentales severos.
- Dolencias cardiovasculares mal tratadas.
Enfermedades mentales:
- Trastornos depresivos y de ansiedad.
- Esquizofrenia y psicosis no tratadas.
- Estrés postraumático por violencia sufrida.
- Abuso de sustancias como forma de evasión o supervivencia.
La tasa de mortalidad en personas sin hogar es hasta 10 veces más alta que en la población general. La esperanza de vida media de una persona sin hogar ronda los 50 años, lo que evidencia el grave impacto que esta condición tiene sobre la vida.
Mujeres y sinhogarismo: la doble vulnerabilidad
Las mujeres en situación de sinhogarismo enfrentan riesgos adicionales que muchas veces se ocultan tras cifras que no reflejan su realidad. Para protegerse, muchas no pernoctan en la vía pública, sino que aceptan situaciones de abuso a cambio de techo, lo que invisibiliza su sinhogarismo y expone a violencia física, sexual y psicológica.
También suelen tener más dificultades para acceder a recursos adaptados a sus necesidades, como espacios seguros, atención médica específica (embarazo, salud menstrual, violencia de género), o programas de inserción con enfoque de género.

El sinhogarismo como problema de salud pública
En lugar de tratar los síntomas, es urgente abordar las causas estructurales del sinhogarismo desde la perspectiva de salud pública. Algunas claves para ello son:
1. Políticas de vivienda como políticas sanitarias
El enfoque «Housing First» (la vivienda primero), que se ha implementado con éxito en países como Finlandia o Canadá, parte de una premisa simple: ninguna recuperación es posible sin un hogar. Proporcionar vivienda estable es el primer paso para iniciar procesos terapéuticos, formativos o laborales.
2. Atención sanitaria adaptada
Es esencial ofrecer atención primaria sin barreras burocráticas, con equipos de calle, unidades móviles y programas de salud mental específicos. También se requieren protocolos de actuación sin estigmas ni prejuicios por parte del personal sanitario.
3. Trabajo social y comunitario interdisciplinar
La coordinación entre servicios sociales, salud, vivienda, empleo y justicia es clave para ofrecer acompañamiento personalizado y prevenir la cronificación del sinhogarismo.
4. Educación y sensibilización social
Combatir el estigma social es imprescindible. Las personas sin hogar no son culpables de su situación, sino víctimas de un sistema que falla en los momentos más críticos. Es necesario generar empatía, romper prejuicios y promover una cultura del cuidado colectivo.
Calidad de vida: una mirada más allá del refugio
La calidad de vida no se mide solo por tener un techo, sino por poder desarrollarse con dignidad. Una vida plena implica acceso a salud, a relaciones sociales, a cultura, a participación ciudadana y a un sentido de pertenencia.
Las personas sin hogar, como cualquier otra, desean formar parte de la sociedad, contribuir, aprender, sanar, trabajar y ser vistas. Recuperar esa dimensión humana en las políticas públicas es el primer paso para erradicar el sinhogarismo como fenómeno crónico.
Una cuestión de derechos, no de caridad
El sinhogarismo no es inevitable. Es la consecuencia de un sistema que ha normalizado la exclusión. Abordarlo desde la salud pública implica reconocer que la vivienda, el acceso a tratamientos y el acompañamiento integral no son favores: son derechos fundamentales.
Como sociedad, debemos asumir que permitir que una persona enferme o muera en la calle no es un fallo individual, sino un fracaso colectivo. Invertir en erradicar el sinhogarismo es invertir en salud, en cohesión social y en dignidad. Porque sin hogar, no hay salud. Y sin salud, no hay vida posible.