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Altas temperaturas y Sinhogarismo

por | Jun 2, 2025

altas temperaturas y sinhogarismo

Cómo podemos actuar ante una emergencia invisible

La llegada del verano y el aumento de las olas de calor nos obligan a replantearnos cómo enfrentamos uno de los desafíos más invisibilizados de nuestra sociedad: el sinhogarismo. Para quienes trabajamos en el ámbito del trabajo social, no es ninguna novedad que las personas sin hogar son especialmente vulnerables ante las condiciones meteorológicas extremas. Sin embargo, el impacto de las altas temperaturas, en particular, sigue estando infravalorado, tanto en políticas públicas como en intervenciones comunitarias.

En este artículo, queremos analizar en profundidad cómo afecta el calor extremo a las personas sin hogar, qué barreras enfrentan en el acceso a recursos de protección, y, sobre todo, cómo podemos actuar desde nuestras distintas áreas de intervención para minimizar los riesgos y defender sus derechos básicos.

una amenaza silenciosa son las altas temperaturas en las personas sin hogar

Altas temperaturas: una amenaza silenciosa

Las temperaturas extremas, especialmente por encima de los 35 °C, no solo suponen incomodidad; pueden resultar mortales. Las olas de calor están aumentando en frecuencia, duración e intensidad debido al cambio climático, y afectan de forma desproporcionada a las personas más vulnerables. Entre ellas, las personas sin hogar son las que tienen mayor exposición directa, menor capacidad de respuesta y acceso muy limitado a mecanismos de alivio térmico.

Algunos datos a tener en cuenta:

  • Las personas sin hogar tienen entre 5 y 10 veces más probabilidades de morir durante olas de calor que el resto de la población urbana (según estudios en ciudades como París, Toronto o Madrid).
  • Los efectos del calor se agravan por enfermedades crónicas, problemas de salud mental, consumo de sustancias, deshidratación constante y falta de alimentación adecuada.
  • A diferencia del frío, el calor no genera una movilización social tan evidente: no se abren albergues por calor, ni se despliegan campañas masivas de emergencia.

En definitiva, el calor mata, pero lo hace de forma silenciosa, sin titulares. Y eso es precisamente lo que lo hace tan peligroso.

¿Qué barreras enfrentan las personas sin hogar ante el calor?

Desde nuestra experiencia en el trabajo en calle y en coordinación con redes sociales, sabemos que la exposición al calor es solo la punta del iceberg. Detrás de cada caso de vulnerabilidad hay múltiples barreras estructurales que limitan la capacidad de adaptación. Las más comunes son:

2.1. Falta de acceso a sombra y espacios refrigerados

Muchos espacios públicos donde se podrían resguardar (como bibliotecas, centros culturales o estaciones) restringen el acceso o directamente no permiten permanecer durante largos periodos. El cierre durante las vacaciones o los horarios reducidos complican aún más la situación.

2.2. Carencia de hidratación constante

Acceder a agua potable no es sencillo si no hay fuentes públicas o si no se permite el uso de baños en bares y comercios. Incluso los recursos que distribuyen agua embotellada no tienen capacidad para cubrir todos los puntos críticos.

2.3. Ausencia de infraestructuras adaptadas

Los albergues temporales no siempre están climatizados. Muchos centros están pensados más para el invierno que para el verano, sin sistemas adecuados de ventilación o refrigeración. Además, no todas las personas sin hogar acceden a estos espacios debido a condiciones restrictivas, horarios o experiencias previas negativas.

2.4. Invisibilización institucional

Pocas ciudades tienen planes específicos frente al calor para personas en situación de calle. Las emergencias climáticas suelen centrarse en incendios o problemas de transporte, sin considerar la dimensión humana más crítica: quienes no pueden resguardarse.

actuar desde el trabajo social

¿Cómo podemos actuar desde el trabajo social?

Como profesionales del trabajo social, tenemos un rol crucial en la prevención, atención y sensibilización ante esta problemática. Nuestra capacidad de intervención va mucho más allá de la atención directa: también podemos incidir en políticas, activar redes comunitarias y generar respuestas colectivas. A continuación, proponemos líneas de actuación concretas para abordar el sinhogarismo durante el verano:

3.1. Identificación de zonas de riesgo

Podemos mapear junto a otras entidades del tercer sector los puntos calientes de la ciudad: plazas sin sombra, calles de alta exposición solar, zonas con escasa oferta de agua, etc. Estos mapas nos permiten priorizar recursos y visibilizar la urgencia ante los gobiernos locales.

3.2. Distribución de kits de verano

Organizar la entrega de kits básicos con gorra, protector solar, botella reutilizable y toalla húmeda puede marcar una gran diferencia. Algunas ciudades han incluido también pulseras con códigos QR para localizar los puntos de agua más cercanos.

3.3. Campañas de sensibilización comunitaria

La ciudadanía no siempre percibe el calor como una amenaza para otros. Podemos promover campañas con carteles en calles, mensajes en redes sociales o incluso alianzas con comercios para facilitar el acceso al agua. Si logramos que más personas se involucren, multiplicamos el alcance de la ayuda.

3.4. Activación de recursos municipales

Es clave presionar para que los ayuntamientos incluyan medidas específicas en sus protocolos de ola de calor: apertura de refugios climáticos, ampliación de horarios en centros sociales, patrullas de emergencia para reparto de agua y detección de casos de riesgo, etc.

3.5. Atención desde la salud comunitaria

La vigilancia de síntomas de golpe de calor, deshidratación o quemaduras solares debe integrarse en nuestras prácticas diarias. La formación básica en primeros auxilios puede salvar vidas, especialmente cuando trabajamos con voluntariado o con equipos móviles.

Las iniciativas de distribución de cepillos de dientes, pasta dental y enjuague bucal en albergues y centros de asistencia pueden mejorar la higiene oral.

Casos de buenas prácticas: aprendamos de lo que funciona

No partimos de cero. En muchas ciudades, existen iniciativas que podemos adaptar a nuestros contextos. Algunos ejemplos:

  • Barcelona ha desarrollado una red de “refugios climáticos” en verano, en colaboración con bibliotecas, centros de día y parroquias. La clave: acceso sin restricciones, campañas informativas y horarios extendidos.
  • París cuenta con un plan de vigilancia activa de personas sin hogar durante olas de calor, mediante brigadas móviles que recorren las calles con agua, alimentos frescos y termómetros.
  • Sevilla, en colaboración con entidades sociales, ha establecido fuentes temporales móviles en zonas de alta exposición durante julio y agosto, especialmente en barrios con menos infraestructuras verdes.

Desde el trabajo social, podemos impulsar propuestas similares o replicarlas adaptándolas a la realidad de nuestro territorio.

aprendamos de lo que funciona

El enfoque de derechos humanos: proteger la dignidad ante todo

No podemos abordar el sinhogarismo desde una lógica meramente asistencialista. La exposición al calor extremo no es solo una cuestión de salud pública: es una violación de derechos fundamentales, empezando por el derecho a la vida, la salud y la vivienda.

Por eso, es fundamental:

  • Hablar de derecho a la sombra, derecho a la hidratación y derecho a no morir por ser pobre.
  • Acompañar nuestras intervenciones con incidencia política: exigir planes municipales de acción climática con enfoque social.
  • Reivindicar que la emergencia climática no es neutra: quienes menos contribuyeron al problema son quienes más sufren las consecuencias.

 La llegada del calor extremo no debe pillarnos desprevenidos. Desde el trabajo social, tenemos la responsabilidad —y también la oportunidad— de ser agentes de cambio ante esta realidad. Nuestra intervención puede ir desde lo más concreto (repartir agua) hasta lo más estratégico (influir en políticas públicas).

No se trata solo de mitigar los efectos del calor. Se trata de dignificar la vida de quienes han sido sistemáticamente excluidos del derecho a una vivienda segura, a un entorno habitable y a una ciudad pensada para todos.

¿Qué pasos concretos podemos dar esta semana? ¿Con qué aliados podemos contar? ¿Qué voces podemos amplificar?

Las respuestas a estas preguntas son el punto de partida de una acción transformadora. El calor mata, sí. Pero la indiferencia también. Hagamos que nuestro trabajo social sea parte de la solución.

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