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Percepción social del sinhogarismo: imaginarios frente a una realidad compleja

por | Ago 9, 2026

Percepción social del sinhogarismo

Comprender la brecha de percepción social sobre el sinhogarismo es imprescindible para diseñar intervenciones eficaces.
La percepción social del sinhogarismo continúa estando condicionada por imágenes parciales, estereotipos históricos y explicaciones excesivamente centradas en la conducta individual. Aunque existe una mayor sensibilización ciudadana, persiste una diferencia significativa entre lo que la sociedad identifica como sinhogarismo y la diversidad de situaciones residenciales, sociales y administrativas que comprende este fenómeno.

Esta brecha no constituye únicamente un problema comunicativo. También influye en la elaboración de políticas públicas, la asignación de recursos, el diseño de servicios sociales, la práctica profesional y la manera en que las propias personas afectadas son atendidas por las instituciones.

El sinhogarismo no se limita a dormir en la calle

Uno de los principales desajustes en la percepción social del sinhogarismo consiste en identificarlo exclusivamente con las personas que duermen en espacios públicos. Esta es su manifestación más visible, pero representa solamente una parte del fenómeno.

La tipología europea ETHOS, desarrollada por FEANTSA, diferencia cuatro grandes situaciones:
• Personas sin techo que viven o pernoctan en la calle.
• Personas sin vivienda alojadas temporalmente en albergues o instituciones.
• Personas que residen en alojamientos inseguros, bajo amenaza de desahucio, violencia o pérdida de la vivienda.
• Personas que viven en alojamientos inadecuados, inhabitables o en condiciones de hacinamiento extremo.

Esta clasificación amplía la comprensión del sinhogarismo y permite abordarlo como un continuo de exclusión residencial. También ofrece un lenguaje común para la investigación, la recopilación de datos, la planificación de políticas y la intervención profesional.

La mirada social, sin embargo, continúa concentrándose en la persona que duerme en la calle.

El sinhogarismo no se limita a dormir en la calle

Del fracaso individual al análisis estructural

Otra de las distorsiones más frecuentes consiste en atribuir el sinhogarismo a decisiones personales, falta de esfuerzo, adicciones, problemas de salud mental o dificultades para mantener un empleo.

El sinhogarismo es un fenómeno multicausal en el que interactúan variables estructurales, institucionales, relacionales e individuales.

Entre los principales factores estructurales se encuentran:
• La escasez de vivienda asequible.
• El incremento del coste residencial.
• La precariedad laboral y la insuficiencia de ingresos.
• La debilidad de los mecanismos de prevención de desahucios.
• Las dificultades de acceso a prestaciones sociales.
• La falta de alternativas residenciales tras abandonar instituciones.
• La fragmentación entre los sistemas de vivienda, salud, servicios sociales y empleo.

Reducir el fenómeno a la conducta de la persona supone aplicar un sesgo de atribución individual: se sobrevaloran sus características personales y se infravalora el contexto social, económico e institucional.

Sensibilización ciudadana no siempre significa conocimiento preciso

Los estudios recientes muestran una evolución relevante en la opinión pública. La encuesta sobre percepción del sinhogarismo presentada por HOGAR SÍ en octubre de 2025, realizada por 40dB a 1.500 personas adultas, indica que el 74,5 % de la población considera que el sinhogarismo ha aumentado durante la última década.

El mismo estudio señala que el 81,7 % cree que debe abordarse mediante recursos públicos, el 77 % considera necesario incrementar la financiación de los programas de vivienda y el 92 % reconoce la importancia de disponer de vivienda asequible para prevenir o resolver estas situaciones.

Además, el 73,6 % manifiesta que los albergues no constituyen por sí solos la solución al problema.
Estos resultados reflejan una mayor aceptación de los enfoques estructurales y residenciales.

No obstante, la sensibilización emocional no equivale necesariamente a un conocimiento completo del fenómeno.

La persona en situación de sinhogarismo no debe ser considerada solamente como beneficiaria de recursos. Es titular de derechos, agente de su propio proceso y fuente de conocimiento imprescindible para evaluar los sistemas de atención.

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Las limitaciones estadísticas también condicionan la percepción

La distancia entre percepción y realidad está relacionada con las dificultades de medición. Las cifras disponibles dependen de la definición utilizada, la metodología aplicada y la población incluida en cada operación estadística.

La Encuesta sobre las Personas sin Hogar de 2022 del Instituto Nacional de Estadística estudió a personas mayores de 18 años que acudían a centros de alojamiento o restauración situados en municipios de más de 20.000 habitantes. Por tanto, sus resultados no constituyen un recuento completo de todas las personas afectadas por alguna forma de exclusión residencial.

Por su parte, la encuesta del INE sobre centros y servicios correspondiente a 2024 registró una ocupación media diaria de 34.145 personas adultas en recursos de alojamiento. Este indicador describe la actividad y capacidad de la red, pero no equivale al número total de personas diferentes que atravesaron una situación de sinhogarismo durante el año.

Estigma, aporofobia y barreras institucionales

La percepción social del sinhogarismo no solo determina la opinión ciudadana. También puede introducir sesgos en los procedimientos administrativos y en la actuación de los propios servicios.
Los estereotipos vinculados a la peligrosidad, la falta de higiene, el consumo de sustancias, la incapacidad o la supuesta falta de voluntad pueden influir en el trato recibido en espacios sanitarios, policiales, laborales, residenciales o administrativos.

El estigma opera en varios niveles:

Estigma social

Aparece en forma de prejuicios, rechazo, invisibilización o culpabilización. Puede traducirse en oposición vecinal a determinados recursos, actitudes discriminatorias o tolerancia hacia medidas que desplazan a las personas del espacio público sin resolver su situación.

Estigma institucional

Se produce cuando los procedimientos, normas o prácticas profesionales no consideran las condiciones reales de una persona sin domicilio estable, documentación, teléfono, acceso digital, transporte o red de apoyo.
Una prestación puede estar formalmente disponible y, al mismo tiempo, resultar inaccesible debido a sus requisitos administrativos.

Estigma interiorizado

La exposición continuada al rechazo puede afectar a la autoestima, las expectativas y la confianza en las instituciones. Algunas personas terminan incorporando las valoraciones negativas recibidas y reducen sus demandas de ayuda o su participación en los procesos de intervención.

Estas dimensiones no son independientes. Se retroalimentan y pueden prolongar las situaciones de exclusión incluso cuando existen recursos potencialmente accesibles.

Consecuencias para la intervención profesional

Una interpretación reduccionista del sinhogarismo puede producir intervenciones fragmentadas.

Por ejemplo, atender únicamente una necesidad sanitaria, económica o documental sin abordar la inseguridad residencial que condiciona el resto de las dificultades.

También puede generar una secuencia repetida de derivaciones entre servicios. La persona es atendida parcialmente por distintos sistemas, pero ninguno asume la coordinación integral del proceso.

Para reducir esta fragmentación, las actuaciones profesionales deberían incorporar varios principios.

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Prevención y detección temprana

La intervención no debería comenzar únicamente cuando una persona ya está durmiendo en la calle. Los impagos, los desahucios, la violencia familiar, la salida de instituciones, la pérdida de empleo o la ruptura de las redes de apoyo pueden actuar como indicadores tempranos.

Atención centrada en la persona
Los itinerarios estandarizados no siempre responden a trayectorias complejas. Es necesario acordar objetivos con la persona, respetar sus decisiones, reducir condiciones innecesarias y adaptar la intensidad del acompañamiento.

Coordinación intersectorial
La vivienda no puede quedar aislada de la salud, los ingresos, el empleo, la protección social o la documentación. La intervención eficaz requiere mecanismos estables de coordinación, responsabilidades claras y sistemas compatibles de seguimiento.

Participación de las personas afectadas
Las personas con experiencia de sinhogarismo deben intervenir en el diseño, implementación y evaluación de programas. Su participación permite detectar barreras que no siempre son visibles desde las estructuras profesionales.

La comunicación también forma parte de la intervención
Las organizaciones sociales, administraciones y medios de comunicación desempeñan un papel relevante en la construcción de la percepción social del sinhogarismo.

Una comunicación basada en imágenes extremas puede captar atención, pero también reforzar la idea de que el sinhogarismo es una realidad excepcional, homogénea y vinculada exclusivamente a la calle.

Para evitarlo, la comunicación profesional debe reflejar la diversidad de situaciones, contextualizar sus causas estructurales y evitar reducir a las personas a la pobreza, los diagnósticos o las dificultades.

De la gestión de la emergencia a la garantía de derechos

La red de atención sigue necesitando dispositivos de emergencia. Sin embargo, estos recursos no deberían convertirse en la respuesta estructural permanente.
En 2024, los centros de atención españoles ofrecieron una capacidad media cercana a 39.900 plazas diarias, con una ocupación del 85,6 %.

De las personas alojadas diariamente, 21.889 permanecían en centros colectivos y 12.256 en pisos o apartamentos.

Los datos muestran la relevancia que todavía posee el alojamiento colectivo dentro del sistema. Desde una perspectiva profesional, el debate no debe limitarse a ampliar o reducir recursos, sino a determinar qué función cumple cada uno, cuánto tiempo permanece la persona en ellos y qué resultados residenciales producen.

La evaluación debería medir el acceso y mantenimiento de una vivienda estable, la reducción del tiempo en alojamientos temporales y de los episodios de calle, así como la mejora de la salud, el bienestar, la autonomía, la seguridad, los ingresos, la participación comunitaria y la satisfacción con la intervención.

Medir solamente plazas, estancias o atenciones puede describir la actividad del sistema, pero no permite determinar si se está resolviendo el sinhogarismo.

Reducir la brecha para mejorar las políticas y los servicios

La distancia entre la realidad y la percepción social del sinhogarismo afecta al reconocimiento del problema, a la legitimidad de las políticas públicas y a la calidad de las intervenciones.

Superar esta brecha requiere combinar investigación, sensibilización, formación profesional, participación ciudadana y experiencia directa de las personas afectadas. También exige mejorar los sistemas de información y utilizar definiciones capaces de representar las diferentes formas de exclusión residencial.

El cambio fundamental consiste en dejar de preguntar únicamente qué le ocurre a la persona para analizar también qué ha fallado en los sistemas que deberían garantizar vivienda, protección social, salud, ingresos y seguridad.

El sinhogarismo no puede comprenderse exclusivamente desde lo que resulta visible en la calle. Es un proceso complejo, dinámico y prevenible, asociado a vulneraciones de derechos y a fallos de protección que requieren respuestas coordinadas.

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